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Modelos de aseguramiento de la cobertura de pérdidas consecuenciales

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Agosto 23, 2018

Analizar el presente, la evolución y los retos del seguro sobre los modelos de aseguramiento de la cobertura de pérdidas fue el objetivo de la mesa redonda

La necesidad de calcular de forma adecuada la suma asegurada, el establecimiento de periodos de indemnización suficientemente amplios o el conocimiento exhaustivo de cada industria… Fueron algunos de los aspectos en los que más incidieron los ponentes.

En el encuentro, moderado por Alejandro Valladolid, Director de Siniestros de Willis Towers Watson, expertos en esta materia desmenuzaron las cuestiones clave que más preocupan a los profesionales de la industria. Con esta misión, estuvieron presentes en la cita: Paco Triviño, Underwriting Manager de XL Catlin para Iberia & Latin America del negocio Energy, Property & Construction; Jesús Bueres, Global Head of Forensic Accounting de A BACO International Loss Adjusters; Ignacio Martí, Perito y Ajustador de Seguros, y Director de ABACO International Loss Adjusters; y Santiago Nistal, Perito y Ajustador de Seguros, y Director de Asesora Asistencia Pericial.

Desconocimiento de la cobertura

Estudios recientes muestran una situación preocupante: el bajo nivel de penetración en la contratación de esta cobertura, a pesar de que la pérdida de beneficios ocupa el primer puesto en el ranking de riesgos potenciales más preocupantes.

Además, los barómetros de riesgos efectuados entre profesionales revelan la escasa percepción de esta amenaza por parte de los empresarios, que posicionan al seguro de PB como el segundo riesgo más subestimado.

El broker aparece en estos seguros como elemento de mejora, con el apremio de un papel más activo a la hora de trasmitir al cliente la necesidad de compra de estas coberturas, porque, según Alejandro Valladolid, “ninguna empresa es suficientemente pequeña como para no preocuparse por este tipo de riesgos”. “Sin embargo –añade-, tres de cada cuatro empresas o industrias no tienen un correcto aseguramiento de la pérdida de beneficio (una denominación que puede dar lugar a error por pura gramática contable), por lo que pueden verse obligadas al cierre, tras un siniestro de gran envergadura”. Pero, ¿cómo es posible que en un mercado razonablemente maduro como el nuestro el lucro cesante sea el talón de Aquiles?

Sin disponer de datos globales sobre la penetración de esta cobertura, Paco Triviño aseguró que “el 30% de las pólizas de daños tiene cobertura de PB. No sé si esto dice mucho o poco, porque quizás muchos de los seguros no tienen posibilidad de contratarla. La PB sigue siendo, en mi opinión, una asignatura pendiente”.

Con datos del Consorcio, Jesús Bueres señaló que “en España hay unas 5.900 pólizas de más de 5 millones de suma asegurada en pérdida de beneficios. De esa cantidad alrededor de 5.500 tienen un periodo de indemnización de entre 1 y 12 meses; y, además, de estas 5.500 empresas se puede estimar fácilmente que 5.000 de ellas tienen el periodo de indemnización contratado insuficiente”. A su juicio, “existe un gran desconocimiento sobre la PB, a pesar de que es el ramo de seguro que más crece. Es una cobertura transversal que afecta no solamente a daños, sino también a construcción, maquinaria, montaje, ciberriesgos, retirada de productos, tampering, RMA, aviación, project cargo, cascos, etc. Estamos hablando del riesgo estrella sobre el que todo el mundo debería protegerse para que en caso de siniestro no haya un gran disgusto por el que lamentarse, solo una pequeña discusión”. Los clientes que han tenido un gran siniestro no dudan sobre la importancia de esta cobertura, precisó Santiago Nistal, porque “ante un siniestro de gran envergadura, una cobertura correcta de PB es la que te hace sobrevivir. Mientras que si no está bien calculada, puedes directamente verte abocado a la desaparición. El porcentaje de empresas que ha desaparecido tras sufrir un gran siniestro por no tener cobertura de PB es altísimo”.

Errores habituales

A la hora de diseñar y suscribir estos seguros, existen dos errores habituales, manifestó Alejandro Valladolid. “A nivel de conceptos, es imprescindible diferenciar entre: Beneficio Neto Asegurable (la ganancia neta de explotación por los negocios típicos asegurables) frente al Beneficio Neto contable (el beneficio general de la empresa después de impuestos). Lo mismo ocurre entre Beneficio Bruto contable (ventas menos los costes asociados a esas ventas) frente a Margen Bruto (gastos fijos + Beneficio Neto)”. En cuanto al periodo de indemnización, la limitación temporal se mostró partidario de “analizar en profundidad la estructura operativa de la empresa, la maquinaria crítica y sus plazos de reposición, los cuellos de botella, el comportamiento de la competencia, la existencia o no de estructuras productivas análogas replicadas, etc. para poder fijar el periodo de indemnización necesario y suficiente del cliente, teniendo en cuenta los imponderables no previstos de antemano, pero que la práctica nos demuestra que se presentan casi siempre de una u otra forma”.

La definición histórica del concepto asegurable como Beneficio Bruto que todavía perdura en algunas pólizas ha llevado siempre al error histórico de confundirlo con el Beneficio Neto contable (beneficio antes de impuestos) que en la (errónea) suscripción de la póliza se usaba muchas veces (y se sigue usando) como Beneficio Neto. Por este motivo se cambió la terminología por margen bruto que cada vez es más utilizada de forma generalizada.

Efectivamente, para Ignacio Martí, “muchos de los problemas que aparecen en la contratación de estas pólizas vienen por la jerga que se utiliza a nivel contable o desde el punto de vista asegurador. Lo ideal es hablar de margen bruto para que todos lo entiendan; y, además, intentar que los empresarios sean conscientes de lo que puede ocurrir en caso de una pérdida total: qué gastos tienes que seguir manteniendo, qué Beneficio Neto dejas de obtener, por cuánto tiempo... Los técnicos siempre piensan que una industria se reconstruye en seis meses, pero la realidad es que puede ser como mínimo un periodo de 12 meses, pudiendo ampliarse ya para ciertas industrias incluso a periodos de 3 años o más”.

Sin embargo, en más del 80% de los casos el periodo de indemnización de aseguramiento se sitúa entre un mes y 12 meses, “por lo que muchas pólizas sabemos de antemano que están, seguro, insuficientemente aseguradas a este respecto temporal”. A juicio de Jesús Bueres, “es esencial contar con periodos de indemnización más amplios, ya que esto puede ser la tabla de salvación de una empresa. Pero muchas veces esto no ocurre por un conjunto de circunstancias y desconocimiento”.

Haciendo pedagogía

La variable “tiempo” tiene un papel esencial a la hora de determinar la suma asegurada. Se puede contratar una póliza para 2018 con los datos de 2017, que cubrirá un siniestro que se materialice, por ejemplo, el 31 de diciembre de 2018 y cuyas consecuencias dañosas se manifiesten en 2019. Entonces, ¿cómo se puede establecer una suma asegurada correcta que pueda llegar a cubrir una pérdida de anualidades muy posteriores? ¿Solo con los márgenes automáticos de cobertura estamos ‘a salvo’? ¿Qué periodo debe considerarse para la comprobación de la suficiencia o la insuficiencia de la suma asegurada?

Los ponentes abogaron por hacer un poco de pedagogía en este asunto “En los grandes siniestros, al principio, siempre suele haber cierta incertidumbre. Los departamentos técnicos son muy optimistas, porque manejan unos tiempos a los que hay que añadir un montón de meses imprevistos, condicionados por factores muy diversos, como los permisos de las autoridades, la situación real de los proveedores en el momento del siniestro, las necesidades de rediseño del proyecto, disponibilidad de materias primas, precios del petróleo, etc.”, apuntó Santiago Nistal, quien también tiene claro que “una franquicia baja suele equivaler a problemas en la tasación”, ya que cualquier ligera variación en el cálculo puede duplicar la pérdida o anularla.

Para saber dónde fijar la franquicia, Jesús Bueres propuso una regla sencilla. “Toda aquella pérdida que no tengas que explicar en tu Consejo de Administración puede ser asumible”. Pero también matizó que “esto es más fácil de decir que de hacer”.

En su opinión, “el hecho de que el asegurado participe en el coste de los pequeños siniestros, las compañías de seguros lo ponderan positivamente en la prima, porque esto significa que sí van a mejorar el mantenimiento recurrente para que haya menos incidencias y esto provocará una menor probabilidad de que ocurra un gran siniestro”.

Por su parte, Paco Triviño también mencionó la poca utilización que se está haciendo en el mercado de la posibilidad de conseguir una devolución del 50% de la prima, si la provisión de la suma asegurada se ha fijado por encima. “Da un poco de pena que teniendo esa opción de estar sobradamente asegurado no se utilice”, dijo. No obstante, su aplicación no parece sencilla, porque no todos los mercados son iguales. En algunos países, según comentó Ignacio Martí, “limitan la cobertura de pérdida de beneficios a la cobertura en daño material. Si tienes un infraseguro en daño material superior al 20% automáticamente la pérdida de beneficios ya no existe. La pierdes. Aunque este extremo no es generalmente de aplicación en el mercado anglosajón al que pertenecemos”.

Determinación de la suma asegurada: gastos fijos y variables

Otro punto álgido dentro del debate fue la determinación de la suma asegurada“que debe estar bien calculada para evitar problemas. Pero no hay que obviar la dificultad intrínseca que tiene todo esto. Dentro de las tasaciones que hacemos los peritos, la pérdida de beneficios es la más compleja de largo, porque está más sujeta a interpretaciones en todos sus conceptos”, manifestó Santiago Nistal.

Efectivamente, tampoco para Jesús Bueres es un tema sencillo. “Es desafiante. Y para eso está nuestra industria, para vender al cliente el mejor producto y buscar la mejor solución”. Además, según Paco Triviño, “hay cosas que ya no son tan evidentes y han cambiado con el tiempo. Por ejemplo, los salarios ya pueden no ser gastos fijos, porque se puede estar utilizando una Empresa de Trabajo Temporal y se convierten en variables, del mismo modo que podría pasar con los alquileres”. En su opinión, “hace falta mucho análisis sobre el proceso productivo en cada caso: cómo se materializan las ventas, cómo se facturan… Y todo eso debería estar recogido en la póliza, lo que no siempre ocurre”.

Alejandro Valladolid precisó que “en pocas pólizas aparecen los gastos fijos desglosados, incorporados y capitalizados”. También se refirió a los gastos variables sobre los que “la buena práctica dice que dependen directamente del nivel productivo. Sin embargo, hay muchas publicaciones, artículos, etc. que recogen que son aquellos que tienden a desaparecer conforme el alcance del  siniestro afecta a la actividad de la empresa. Parece lo mismo, pero no lo es”.

Ignacio Martí se expresó de la misma forma, “un coste fijo puede ser los salarios, pero tienden a desaparecer dependiendo de la legislación, de si me aceptan un ERE o un ERTE, de cuánto tienes previsto en tu parada, etc. Hay que tener claro que los gastos variables son los que varían directa y proporcionalmente con la producción y no los que en determinadas circunstancias se puedan ahorrar”.

Todo esto, para Santiago Nistal, lleva a otra refexión. “Últimamente, los brokers están solicitando a los asegurados que encarguen una valoración de activos, para tener las sumas aseguradas y daños bien calculados, pero ¿cuántas veces se pide una buena valoración de PB? Yo no la he visto nunca”.

Modelos de aseguramiento

El debate también se centró en los modelos de aseguramiento implantados en PB. Según Alejandro Valladolid, “siempre sobrevuela el concepto de modelo margen bruto con extracostes que deben ser rentables al Margen Bruto que pretendo ahorrar”. Y lanzó a los ponentes el siguiente interrogante: ¿Tiene sentido asegurarse solo bajo modelo extracostes o se condicionarán a los límites y márgenes de los modelos de Margen Bruto?”. Otros modelos de aseguramiento del lucro cesante son la PB sin daño material (NDBI), las pólizas de RMA y sus garantías asociadas a la PB, etc.

La tendencia natural, en opinión de Alejandro Valladolid, “es ir a extracostes en mucha mayor medida que a pérdida de margen bruto, porque para el empresario su máxima es y será siempre la de tratar de no tener pérdida de ventas”. Eso es fundamental, dijo Ignacio Martí, “en cierto tipo de negocio, como distribución, energía, etc.”. También “en sectores donde tienes unas penalizaciones altísimas en caso de incumplimiento de venta, la posibilidad de pérdida de clientes o una competencia relevante se tornan críticas a la hora de diseñar el plan”, apuntó Santiago Nistal.

Históricamente, señaló Jesús Bueres, “la mayoría de los siniestros se resuelven con extracostes y algo de pérdida de ventas. Lo que no significa que en los denominados siniestros mayores, de menos frecuencia, el importe de la indemnización por pérdida de ventas sea el que tenga mayor peso en la indemnización”.

Tratamiento de las penalizaciones

El aseguramiento de las penalizaciones es una asignatura pendiente que requiere un cuidado específico en la contratación. Se entiende por penalización cualquier disminución de ingresos o incremento de costes, cuya causa ocurre en un determinado momento por incumplimiento de un compromiso, pero que afecta a un largo periodo de tiempo en la cuenta de pérdidas y ganancias, ya sea dentro del periodo de indemnización o fuera del mismo por delante o por detrás.

Las penalizaciones suelen estar excluidas en las condiciones generales de las pólizas de PB, lo cual no significa que no puedan llegar a ser aseguradas, lo que se busca es que su inclusión en cobertura se haga de forma consciente después de un proceso de análisis que permita valorar correctamente el riesgo asumido y que la pérdida que se quiera cubrir quede definida correctamente. Si por el final el periodo de afección llega a superar el periodo de indemnización inicialmente previsto, habrá que incrementar el mismo y especificarlo en la póliza. Si la afección es anterior al inicio del periodo de indemnización, que comienza con el ‘triger’ asegurado, si se quiere asegurar habrá que definirlo correctamente en la póliza. En ambos casos habrá que prever que la suma asegurada se adapte al periodo total pactado.

Jesús Bueres también señaló que, “después de los últimos huracanes del Caribe, los bancos que históricamente solo solían asegurar extracostes tendrían que replantearse esa política de contratación, pues el corte de las comunicaciones digitales que se produjo durante meses, les dejó sin la posibilidad de prestar servicios digitales básicos en el funcionamiento de un banco hoy en día (como trasferencias, pagos de recibos domiciliados, servicios de bolsa, etc.), por los cuales los bancos perciben ingresos por comisiones que representan una parte sustancial de sus ingresos”. Además, insistió en que “la antiselección de riesgos –solo asegurar lo que se considera un riesgo mayor-, lleva en multitud de ocasiones a errores graves de apreciación, con consecuencias graves de falta de cobertura. Si lo que se quiere dejar de asegurar tiene una probabilidad remota pero un gran impacto potencial, aunque sea remoto, es un error no transferirlo ya que el precio será muy asequible y si se materializa el riesgo las consecuencias pueden ser fatales”.

Para Ignacio Martí, “la retribución a la inversión en las compañías eléctricas es una peculiaridad de este tipo. Ya hay en el mercado cláusulas de cómo se debe indemnizar para una casuística de un tipo de penalización. En la industria del automóvil pasa lo mismo, hay penalizaciones por no entregar las piezas en los tiempos o cantidades previstas”. Santiago Nistal mencionó el caso de aquellas industrias que demandan masivamente electricidad. “Tienes un precio en tu contrato y luego tienes una penalización si no llegas al mínimo pactado, con lo cual si tienes un siniestro en el mes once, es posible que ya lo hayas alcanzado, pero si ocurre en el mes diez y no has llegado al tope tienes una penalización a tu cuenta de resultados”.

Por las peculiaridades de cada industria, Ignacio Martí defendió que “hay que adaptar ciertas coberturas, como la de retribución a la inversión, a cada tipo de negocio. No vale una misma cuenta de explotación, gastos fijos, gastos variables, etc.”. También Alejandro Valladolid precisó que “hay que evitar las homogeneidades en los cálculos que luego nada tienen que ver en la estructura de costes de la empresa”.

Entre las diferentes opciones de aseguramiento, “hay pólizas hechas con coberturas de extracostes puros no vinculadas a la pérdida de facturación”, expresó Paco Triviño. Tampoco parece que se esté utilizando demasiado la fórmula de asegurar la producción. Según el representante de XL Catlin, “para la industria, las aseguradoras ofrecen esta idad por días de parada, pero hay que documentar de dónde sale la cifra y en caso de siniestro pueden ser problemáticas ya que si la indemnización que resulta del cálculo previsto en póliza es mayor que la pérdida real, la diferencia de más podría considerarse un enriquecimiento injusto prohibido por la ley de contrato de seguro. Además, en España el artículo 67 de la misma ley prohíbe prefijar la indemnización de antemano para los seguros que cubren el lucro cesante exclusivamente, por lo que siempre quedará abierta la posibilidad de reajuste a la baja, no así al alza si no se contrató”.

Santiago Nistal abogó por estudiar “muy bien cada industria” y por “explotar y desarrollar la idad de extracostes necesarios, porque se debe dejar al asegurado mejor cubierto”. En opinión de Jesús Bueres, “hay un margen muy amplio para extracostes, ya que en la idad de Loss of Profits, que se vende en Europa, el siniestro termina cuando se recupera el nivel de ventas. Otra cosa es que las pólizas sean de Gross Earnings, idad americana, en la que el siniestro termina con la recuperación de la capacidad de producción, lo que deja menor margen para los extracostes”.

Textos de las pólizas

El coloquio se trasladó entonces a otro punto importante: el texto de las pólizas de PB en relación con las pólizas de otros sectores. Según Santiago Nistal, “el clásico de las pólizas de daños suele estar muy desarrollado. En cambio, en otros casos como responsabilidad civil, medioambiental, ciberriesgos… No ocurre lo mismo”. En parte, como expresa Paco Triviño, “es consecuencia de la estructura de silos que tienen las compañías. En nuestra póliza de responsabilidad medioambiental hemos tomado todas las definiciones que tenemos en la póliza de daños y las hemos copiado. Son las mismas. Pero no siempre ocurre esto y es cierto que el sector asegurador adolece de este tipo de errores. Muchos de estos productos provienen del mercado de Londres, que en un par de páginas dan cobertura a un todo riesgo. Esto se ha trasladado no solo a la cobertura de PB, sino a muchas otras, asumiendo la forma anglosajona de tratar las coberturas, pero que nada tiene que ver con nuestro mercado y nuestra legislación. Aquí todo tiene que estar bien detallado: lo que se cubre, las exclusiones… La tendencia es ir corrigiendo todo esto, porque es cierto que nuestro producto cada vez se va sofisticando más”. Ante un siniestro, precisó Santiago Nistal, “el problema viene por las dos partes: asegurado y aseguradora. En un texto insuficientemente descrito, te encuentras con aseguradoras que han asumido un riesgo mucho mayor del que tenían pensado, y asegurados que pensaban que tenían algo cubierto y no es el caso.

Todo tiene un límite

Con la evolución de la cobertura, ¿puede llegar el momento en el que el asegurado piense que es posible cubrir todas sus pérdidas de beneficios? Para Paco Triviño, “hay un límite en estas cosas. Ahora incluso se otorgan coberturas de NDBI (Pérdida de Beneficios sin ser consecuencia de un daño material), por ejemplo. Pero siempre va a existir un límite en el asegurador no va a entrar porque estaría asumiendo el riesgo empresarial del asegurado. Y ahí es donde está la línea difícil de trazar sobre lo que queremos o no asumir como asegurador. Hace falta un diálogo muy abierto entre el asegurado y la aseguradora para entender bien las necesidades de ambos y juntos crear una solución adecuada y a medida”.

Jesús Bueres se refirió, entonces, a las llamadas coberturas paramétricas, transferencia alternativa de riesgo, “una fórmula en la cual los ingresos se relacionan directamente con parámetros climáticos o de otro tipo y se pueden asegurar por esta vía la estabilización de la cuenta de resultados con contratos a largo plazo”. Las compañías también parece que están dispuestas a dar aseguramiento del lucro cesante sin daño material (NDBI) bajo la idad de riesgos nominados. En estos casos, aconsejó “contratar dos pólizas, una con daños y otra sin daños, y a ser posible con la misma compañía, para evitar roces entre peritos y jefes de siniestros”.

Futuro de aseguramiento de PB

Finalmente, los ponentes abordaron el futuro de las coberturas de PB, dando respuesta a la siguiente cuestión: ¿Es necesario avanzar en su sofisticación para garantizar mayor exactitud o alcance?

En opinión de Ignacio Martí, “el mercado seguirá evolucionando. Cada vez se están dando más coberturas de PB para distintos riesgos. Eso sí, hay que ir nominando, evaluando todos los riesgos y asegurando la pérdida de beneficios en todos ellos. Eso va a evolucionar porque las empresas se tienen que dar cuenta de que su mayor riesgo es su continuidad en el mercado. Su supervivencia”.

Según comentó Jesús Bueres, el seguro de NDBI se está dando bajo la cobertura de riesgos nominados ya que “la cobertura bajo una póliza todo riesgo haría que el asegurador tuviese que enfrentarse a un riesgo inconmensurable y un riesgo cuyo cúmulo no se puede medir no es asegurable desde el punto de vista legal e incontrolable de la garantía de solvencia que se le debe exigir al asegurador”.

Para Paco Triviño, “es difícil ver hacia dónde vamos. Todos ponemos cada vez más imaginación a las cosas que podemos hacer y surgen cosas nuevas. Las consecuencias de los daños que se pueden generar son dificilísimas de evaluar. Deberíamos aspirar a tratar este asunto de una forma cada vez más profesional y enfocar en una estrecha colaboración con nuestros clientes”.

Alejandro Valladolid corroboró que “no es una cuestión de carencia del sistema sino de una profesionalización de lo que existe”. Hoy por hoy, añadió Paco Triviño, “cada compañía tiene departamentos especializados en complex risks capaces de hacer casi cualquier cosa si cuentan con la información necesaria. Y existe la tecnología aseguradora para resolverlo. En ese sentido, deberíamos ser positivos”.

Por su parte, Santiago Nistal expuso una realidad que está detectando en el mercado: la gran aversión al riesgo de los inversores. “Las pólizas de PB las están demandando más los que invierten que los que gestionan el día a día de una sociedad, porque al final lo que quieren es garantizar la cuenta de resultados de la empresa en la que han puesto capital. El mercado asegurador va a tener el reto de dar respuesta a una alta demanda”.

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