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Artículo

Las pérdidas consecuenciales

Ese gran quebradero de cabeza

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Agosto 23, 2018

Más conocida como pérdida de beneficios, la pérdida consecuencial es uno de los riesgos que más preocupa entre las empresas y tomadores de seguros industriales.

Contar con el asesoramiento profesionalizado y adecuado de un broker de máxima solvencia como Willis Towers Watson resulta imprescindible para el empresario que tenga la firme convicción de proteger los resultados económicos de sus negocios.

Las últimas encuestas publicadas vuelven, un año más, a situar la mal llamada ‘pérdida de beneficios’ como uno de los riesgos objetivos que más inquietud e incertidumbre genera entre las empresas españolas en general y entre el consumidor/ comprador de seguros industriales en particular.

Este dato supone, a mí entender, un perfecto indicador, por un lado, de la importancia que el correcto proceso de aseguramiento en esta materia financiera arroga a su público demandante y, por otro, la profunda inseguridad (valga la paradoja) generalizada que esta ‘amenaza’ genera entre todos los agentes a los que ocupa y preocupa su correcta interpretación, definición e implantación.

Hoy en día, resulta altamente improbable pensar en cualquier empresa, por pequeña o grande que esta pueda llegar a ser, que no posea un buen aseguramiento frente a las posibles pérdidas materiales a las que un siniestro (de daños propios) pudiera confrontarles.

El arraigo del concepto de protección de los activos tangibles, a los que se ha hecho frente con una notable inversión patrimonial del empresario, es algo que goza de plena percepción entre el colectivo empresarial, situación que tiende sin embargo a reducirse drásticamente en el momento que trasladamos esas pérdidas ‘materiales’ a las pérdidas ’in materiales’ (financieras) que las primeras producen sobre la capacidad operativo-productiva del negocio y de la actividad en cuestión.

Bajo nivel de percepción del riesgo

Resulta sorprendente, y diría que ciertamente preocupante, el bajo nivel de percepción del riesgo que buena parte de los empresarios de este país tienen sobre el grave quebranto que para sus cuentas de resultados supone enfrentarse a una paralización o interrupción (parcial o total) de su actividad, como consecuencia sobrevenida y obligada tras la ocurrencia de un siniestro grave de daños materiales que, por propia definición y alcance, les imposibilita proseguir con su normal actividad.

Esta asegurada paralización de la actividad tras el acaecimiento de un siniestro de daños propios grave (entiéndase como característico y ejemplificador, el incendio que inutiliza o devasta una factoría), supondrá sin lugar a dudas una no menos grave afectación a los resultados económicos de la empresa, bien por verse sus ingresos disminuidos en la medida en que su capacidad productiva y de venta se vean afectadas por la interrupción de la actividad o bien por el necesario aumento de los gastos normales de explotación para tratar de compensar esa disminución de la capacidad productiva directa, incurriendo en extracostes adicionales, que tiendan a minorar y/o evitar la pérdida de ventas/ingresos.

Correcto diseño de la garantía

En la industria aseguradora se maneja una tasa analítica que viene a decir que aproximadamente el 75% de las empresas que sufren un siniestro de gran alcance que afecta a su capacidad operativo-productiva, y no cuenta con un adecuado modelo de aseguramiento para ‘pérdidas consecuenciales’ o ‘pérdida de beneficios’ (como se conoce más comúnmente), se ven obligadas a cerrar tras el evento, al serles imposible hacer frente a las pérdidas de ingresos (o al aumento de los gastos), solo con su propia tesorería.

Sin el músculo financiero derivado de su actividad normal, la mayoría de las empresas son incapaces de hacer frente al siniestro con sus propios recursos y con ello deriva irremediablemente el obligado cese de su actividad.

Para comprender adecuadamente la relevancia del correcto diseño (a medida) de esta garantía, es necesario que repasemos pues los pilares fundamentales sobre los que se sustenta este modelo de aseguramiento, bajo los cuales se derivará posteriormente el correcto resarcimiento de la pérdida sufrida.

Como punto básico cabe resaltar, aunque resulte una obviedad, dos preceptos que por fundamentales y, a priori obvios, en ocasiones resultan gravemente olvidados:

  • Primero: el seguro de pérdidas consecuenciales tiene como objetivo garantizar que la situación financiera de la empresa se mantenga ‘indemne’ tras la ocurrencia de un siniestro de daños materiales propios, cubierto por la póliza de daños, que produzca una paralización parcial o total de su actividad.
  • Y segundo: que su activación se ve obligatoriamente vinculada a la existencia de un quebranto en su resultado económico.

Diseño a medida

Antepuestas las dos premisas anteriores queda por tanto enunciar el proceso de modelado y definición de esta garantía que tiene como punto primario el considerar para su correcta definición, todos aquellos gastos que la empresa se ve obligada a seguir soportando con independencia de su volumen de actividad (Gastos Fijos) una vez iniciado el periodo de interrupción derivado del siniestro, y cuyos representantes más significativos son los gastos de personal (sueldos y salarios), los intereses, las amortizaciones, los arrendamientos, algunos impuestos, primas de seguro o cánones, los cuales erosionan los resultados de forma drástica al no existir en paralelo recursos económicos propios con los que compensarlos, al desaparecer o verse reducido el volumen de ingresos esperado.

En segundo lugar, deberemos identificar el beneficio neto (asegurable) —no así el beneficio neto contable, que nada tiene que ver—, el cual se define como la ganancia neta de explotación resultante del negocio típico asegurado en los locales descritos en la Póliza, excluyendo los ingresos financieros y cualquier resultado extraordinario (siempre eliminando del análisis los resultados atípicos de la actividad asegurada). Es decir, una buena aproximación es considerar el resultado de explotación menos los gastos financieros y sin tener en cuenta el impacto que pudieran tener los resultados extraordinarios, o partiendo del EBITDA menos las amortizaciones y los gastos financieros.

Incidir en que es importante no confundir el Beneficio Neto Asegurable con el Beneficio Neto Contable, que se define como el Beneficio después de impuestos.

Igualmente, resulta fundamental no confundir Beneficio Bruto con margen bruto, debido a que el primero es la diferencia entre las ventas que se producen en un periodo definido y el coste de esas ventas; mientras que el segundo (siempre a efectos aseguradores), viene representado por la suma de los Gastos Fijos y el Beneficio (o Pérdida) Neto.

No se tendrán en consideración tampoco a efectos del análisis de esta cobertura y por tanto ni se capitalizan, ni se indemnizan, aquellos gastos que sí tienen por sus características una dependencia directa con el volumen de actividad de la empresa y que denominamos comúnmente como Gastos Variables, entre los que destacan como más representativos todos aquellos gastos relacionados con ‘consumibles’, como materias primas, suministros o los impuestos sobre las ventas.

La rigurosa definición de la suma asegurada vendrá por tanto determinada por las variables anteriormente citadas las cuales, no obstante, deberán ser analizadas pormenorizadamente para cada empresa y tipo de negocio ya que la determinación de aquellos gastos que deben considerarse fijos o variables se erige crítica de cara a la correcta definición del alcance del seguro y de la posterior tasación de la pérdida.

Los límites temporales

Definidos los términos y variables bajo los que debe establecerse la suma a asegurar para la modelización óptima de esta garantía, resta entonces identificar el periodo de tiempo bajo el que la empresa en cuestión precisa estar cubierta, ya que el ámbito temporal de cobertura/indemnización resulta crítico, en esta idad de aseguramiento absolutamente, al ser la variable ‘tiempo’ base fundamental a la hora de la cuantificación de la pérdida.

El establecimiento, por tanto, del plazo temporal de cobertura a contratar, supone un ejercicio igualmente detallado, reflexivo y pormenorizado de la estructura operativa y funcional de la empresa y de su tipología de negocio, de cara a identificar fehacientemente los plazos mínimos bajo los que la empresa en cuestión se vería necesariamente abocada a la paralización, teniendo siempre en cuenta el peor de los escenarios posibles, como consecuencia de una afección en sus infraestructuras críticas o a sus ‘cuellos de botella’ productivos, como pueden ser, por ejemplo, los plazos mínimos de reposición de la maquinaria crítica o de reconstrucción de sus instalaciones (teniendo en cuenta plazos ejecutivos y plazos administrativos).

Contar con el asesoramiento profesionalizado y adecuado de un broker de máxima solvencia como Willis Towers Watson se torna, asumido ya lo complejo de este modelo de aseguramiento, una acción imprescindible por parte de todo empresario que tenga la firme convicción de proteger los resultados económicos de sus negocios.

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