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La deuda pública es imparable y será impagable

Mayo 9, 2018
| España

Profesor Titular de Economía Financiera y Contabilidad Universidad de Barcelona, José María Gay de Liébana (Barcelona, 1953) cuenta con numerosos títulos académicos y ha recibido múltiples premios. Este es, sin duda, uno de los economistas más mediáticos del momento, al que algunos llaman el catedrático del sentido común.

Q — Las dos pasiones de este catedrático son la economía y el fútbol. Sobre ambos ha dicho “si las estadísticas del fútbol están para romperse, las previsiones económicas están para incumplirse”. No obstante, ¿cuáles son las principales predicciones económicas para nuestro país?

A — Dentro del camino de la esperanza, el crecimiento este año será aceptable en comparación con lo que hay en el mundo. Será un poco menos de lo que hemos crecido hasta ahora, porque nos hemos aprovechado del turismo “prestado” y porque los precios se están incrementando, pero lo salarios son los mismos. Tenemos crecimiento económico, pero no mejoramos socialmente.

Q — Centrándonos en el empleo, ahora que arrancamos 2018, ¿cómo ve su futuro?

A — Irá creciendo en número de personas con empleo, pero tenemos un subempleo, empleo precario, un problema de salarios, y me da mucho miedo la robotización, que a corto plazo significará sacrificar puestos de trabajo.

Q — ¿Cómo ve el nuevo paradigma laboral que surge de la mano de la transformación digital?

A — Estamos yendo hacia la que sería la cuarta revolución industrial, y no sé si estamos todos preparados a nivel de formación e infraestructuras para acometer esa transformación digital.

Q — ¿Qué factores deben tener en cuenta los líderes de las empresas a la hora de gestionar a sus equipos en este escenario?

A — En primer lugar, han de ser gente que tenga mucha ilusión, madera para afrontar los cambios y lo que se llama hoy la resiliencia, a la que yo prefiero referirme como capacidad de adaptación al nuevo entorno, muy cambiante. Y, sobre todo, las empresas deben tener estructuras preparadas para transformarse y adaptarse porque los modelos tradicionales van cambiando. Las nuevas estructuras organizativas tienen que ser ágiles, adaptables y versátiles.

Q — Como profesionales, ¿hemos de ser permeables al cambio y al aprendizaje?

A — Sí, y además, no depende solo de ti, hay que trabajar mucho en equipo y ser un poco gregario. Quien quiera trabajar egoístamente lo tiene complicado.

Q — Y usted, ¿es permeable al cambio?

A — Procuro aprender algo cada día, aunque también soy consciente de mis limitaciones y valoro el trabajo de los especialistas.

Q — ¿Cree que la experiencia de la crisis nos ha cambiado como empleados?

A — Bastante. Antes el puesto de trabajo era fijo y vitalicio, sabíamos que los salarios se iban revisando al alza. Ahora somos conscientes de que hay que pelear mucho por un salario y de que, salvo la gente muy cualificada, los demás tenemos que conformarnos con sueldos “de medianía”. Las personas tienen que esforzarse por adaptarse a ese nuevo y difícil entorno para salir adelante.

Q — ¿Qué lección de la crisis no deberíamos olvidar?

A — La deuda, consecuencia de que gastas mucho o de que inviertes en exceso. Lamentablemente me da la impresión de que la deuda se queda con nosotros y de que será el siguiente golpe que vamos a vivir.

Q — ¿Cómo evolucionan los niveles de deuda en España y cómo están afectando a las pensiones?

A — La deuda pública va subiendo, es imparable y será impagable. En cambio, la deuda privada se ha rebajado, desde el año 2009, en 500.000 millones de euros, que es lo que se ha incrementado la deuda pública. Las pensiones son un reto en el que ya estamos viendo que el sistema no es capaz de atender todos los pagos sin atender al endeudamiento. Tenemos que plantearnos una reforma cabal, profunda y seria.

Q — ¿Cuáles son, en su opinión, las medidas cuya aplicación no se puede dilatar?

A — Para tener un buen sistema hay que cambiar el modelo económico, con más gente que trabaje, pero fundamentalmente con mayor calidad de empleo, mejores salarios y cotizaciones; hemos de posponer un poco la edad de jubilación, teniendo en cuenta que el desgaste de una persona no es el mismo que tiempo atrás, y considerando que la calidad de vida ha mejorado sustancialmente. Además, la longevidad irá a más y por eso hemos de plantear con mucha seriedad una reforma.

Q — Si tuviera que definir en una sola palabra el futuro de las pensiones y del Estado del Bienestar, sería…

A — Incógnita. No sé de dónde va a salir el dinero para financiar el coste del Estado del Bienestar, que representa el 54% de todo lo que gasta el Gobierno en protección social, pensiones, sanidad, dependencia... Es un coste muy elevado.